Bienvenidos a este humilde pero sincero espacio. Aquí escribo mis pensamientos, cosas que me preocupan, algunas vivencias, historias que conozco... lo que me dicta el corazón para compartirlo con otras personas, es una manera de saber que no estamos solos en este mundo virtual y poder hacerlo más real y cercano. Me gusta escribir y me siento bien haciéndolo, ojala estás letras lleguen a ustedes como yo quisiera. Siéntanse libres de comentar lo que deseen. Gracias por estar aquí.

miércoles, 28 de junio de 2017

En este momento de mi vida, no quiero casi nada

Vivir, es vibrar y sentir, es amar y gozar, es observar y superar, es dar y aceptar, es comprender que nuestro tiempo es lo único que poseemos para realizar plenamente nuestro ser. La fortaleza de un ser humano no reside en su capacidad de resistencia y supervivencia, sino en la capacidad de no caer en la negatividad y en la maldad durante las experiencias más duras y dolorosas de su vida...
Hay que vivir sin remordimientos aunque no entiendas el mal comportamiento de la humanidad, vivir sin rencor aun sabiendo que la ingratitud es el día a día, no podemos reprocharle a la vida por todos los contratiempos que se nos presentan porque a otros les ha tocado mucho peor. Hay que disfrutar de lo que se tiene porque no imaginas cuántas personas en el mundo viven añorando lo que uno reniega.
No podemos olvidar que una palabra de amor puede hacer milagros, que el corazón está tejido con hilos de oro por el creador, hay que dibujar con los más bellos colores nuestro mundo interior y jamás perder las esperanzas por muy duros momentos que tengamos. Hay que sonreír, no sólo para las fotos. Quedarnos con quien nos alcance, no con quien nos diga que lo esperemos.
Dios nos libre de los lobos vestidos de ovejas, del odio detrás de una sonrisa, de la envidia disfrazada de amor y la falsedad disfrazada de amigo. Sin duda o te haces fuerte o te joden como quieren. Tú eliges. Cuando te sientas demasiado grande, date un paseo por el mar para que veas, ¡¡Lo pequeño que somos!! Cuando digas "te quiero" que salga de tu corazón, y cuando digas "lo siento " que salga de tu alma, porque la confianza y el respeto, son los pilares que sostienen al mundo. Cuando estés comiendo, come. Cuando estés amando, ama. Cuando estés hablando con alguien, habla. Cuando estén mirando una flor, mira, ¡Atrapa la belleza del momento! Un instante es la eternidad. Eternidad es un instante. Cuando ves todo como un instante, comienzas a ver.
Yo amo la vida. Amo mi equilibrio inestable, entre sabiduría y locura, serenidad y rabia, silencios y discursos, amo mi pasión por el amor, por los míos, por el mar, por la vida aunque sea ingrata por momentos, amo todo eso que tengo por dentro porque me hace malditamente verdadera. La naturaleza me despierta gran admiración. Creo en la amistad, en los besos, en la lluvia, en las sonrisas, en los abrazos y en los secretos. En mi esfuerzo por crecer, y en mis ganas de crecer. Creo en la vida, y en la magia con la que toca todas las cosas.
Soy esa ave que ha cruzado mil pantanos, soy quizás ese fénix renacido y renovado, ni tan malo ni tan bueno pero sé mi punto exacto donde he vuelto a nacer. Soy como el agua cristalina no me escondo tras una fachada, lo que ves es lo que hay ni más ni menos. Soy exigente, directa, terca, a veces intolerante, un poco bipolar, vengativa en ocasiones, digo lo que pienso. No pretendo ser como nadie ni alcanzar los logros de nadie.
Defiendo lo que amo, no siempre contesto bien y muchísimas cosas más... pero mi vida es mía, no quiero parecerme a nadie quiero ser yo misma, caminar por este mundo dejando mi huella al pasar. Tengo un lado cariñoso, uno dulce, uno perezoso… tengo también mi lado enfadado, mi lado irónico, mi lado insoportable, y mi lado amable... Pero simplemente quiero ser yo con mis defectos y mis virtudes. Si no aceptas lo peor de mi carácter, seguramente no mereces lo mejor de mi persona. Les aseguro que cada uno tiene mi lado que se merece.
No soy tan buena como parezco, ni tan mala como algunos piensan... pero nunca voy a ser lo que otros desearían que fuera. Siempre existirá quien me critique sin motivos, quien me odie sin razones, quien me lastime sin darme explicaciones. Y cada cosa de esas me va a doler y hacer daño, pero las heridas sanan y uno aprende a vivir de ellas, como he hecho hasta el día de hoy. Porque gracias a cada cosa vivida hoy soy lo que soy... Una mujer fuerte y valiosa.
En este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de un amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. Honestamente, yo no tengo tiempo en odiar a la gente que me odia porque estoy muy ocupada amando a la gente que me ama.

lunes, 26 de junio de 2017

El amor no es obligación, dejémonos de cuentos

El amor es un sentimiento tan fuerte que hace arrancarle lágrimas de felicidad al más fuerte y enorgullecerse al más noble. Nos hace sentir grandes, impetuosos, inigualables, únicos, sobre todo eso, únicos e indispensables, para la persona amada y ella para nosotros...
Pero señores… el amor de pareja es cosa de dos. Esas justificaciones de: “Es que no estoy listo”, “Tú eres la mujer de mi vida pero…”, “Es que ahora no es el momento”, “Es que no sé, tengo que organizar mi vida”, “Es que sí pero no, es que, es que… ¿Es qué? ¡¡¡Es que no quiere y punto!!!
En el amor siempre vivimos el peligro de enamorarnos de la persona equivocada. Hay que aceptar la realidad de la vida y como mismo es cierto que hay amores que nunca terminan, almas que se pertenecen, incluso a pesar del tiempo, de la distancia y las circunstancias... también es cierto que cuando un hombre te quiere lucha contra viento y marea por ti, no pierde su tiempo es escusas. Esa es una verdad como un templo. El amor no es ciego, el amor te ciega. Es la cruda verdad.
A veces nos dejamos llevar por las palabras cuando en realidad cuentan más los actos. Un hombre puede decirnos “te quiero” todos los días y eso está muy bien. Pero el amor hay que demostrarlo con pequeños gestos diarios. Es difícil entender; si es que alguien lo puede entender, por qué una persona finge querer a otra, pero el caso es que pasa con frecuencia; por eso debemos estar muy atentas para si nos ocurre a nosotras saber darnos nuestro lugar.
No te molestes si la persona de tu interés no te corresponde o lo hace en menor grado a tu expectativa, recuerda que nos hacemos ideas, ilusiones en exceso a la realidad circundante, pues nosotros mismos evocamos, soñamos con algo que es un ideal, y ya eso es imaginación. Nos decepcionamos cuando nuestra esperanza excede de nuestra realidad. Que tu necesidad de atención no exceda al punto de, demandar afecto de algo que no te corresponde porque el amor no es obligación.
Vamos a hablar claro. Cuando un hombre quiere estar con una mujer, ¡Está! Así de fácil. Sin tantos enredos, sin tantas mentiras, sin tantas excusas. Cuando un hombre se derrite por ti, puede que le de miedo en determinado momento, claro que sí, pero lo enfrenta porque no va a arriesgarse a perderte. Así que en caso de que siempre esté lleno de “justificaciones”, dudas, etc. Ponte TÚ en un primer lugar y deja de estar justificándole cada rechazo, cada desplante y cada excusa. No necesitas a alguien que no sabe lo que quiere, que no ve lo mucho que vales, que no ve todo lo que puedes aportar a su vida.
Tu amor es algo muy valioso así que no te desvivas para dárselo a quien no lo quiere, no te enamores de estar enamorado, avanza. Avanzar significa asumir el desamor y no estereotiparlo porque han sido ingratos contigo, tal vez no era el momento ni la persona adecuada, cuando pasa... ¡pasa! No tenemos control sobre ese sentimiento; uno a veces se enamora sin darse cuenta y le toca asumir toda la carga que implica no ser correspondido, pero la vida misma te enseña a superarlo. ¡Nadie está obligado a amarte!
Por sobre todo, amate a ti misma, no esperes ser especial para otra persona que no seas tú. Si para ti, eres especial, lo serás para el resto. No busques, ni exijas ser algo especial para otro, si primero no lo eres para ti misma. Cuando uno entrega amor, desea recibirlo. Pero no siempre es así. ¿Qué sucede cuando no lo recibes? ¿Qué pasa cuando el otro te falla? Muchas veces uno lleno de esperanza continua luchando y se vanagloria al decir: a pesar de todo estamos juntos... ¡Juntos si! ¿Pero felices? Que sucede cuando te das cuanta que has amado más a otro que a ti, porque nunca pusiste limites, porque siempre tuviste esperanza. 
Tenemos que ser compasivas con nosotras mismas, tomar conciencia y obrar correctamente, así que ante todo dejémonos de cuentos. Si un hombre no te llama, es porque no quiere llamarte. Si no te invita a salir, es porque no quiere verte. Si te trata como si fueras un comino, es porque le importas un comino. Si te traiciona, es porque no le gustas lo suficiente. Si te deja ir es porque no quiere estar contigo.
Ese hombre que insiste en que te quiere, puede que incluso te lo diga, pero que no toma decisiones trascendentales, que siempre se vale de escusas para no hacer algo que tu quieres o deseas, que se evade a la hora de hacer planes de futuro, que deja conversaciones importantes pendientes y es incapaz de hablar en plural en ninguna ocasión, ese hombre que cree que formas parte del servicio doméstico para atender todas sus necesidades, ese hombre no te quiere. NO TE QUIERE por mucho que te lo diga.
Recuerda que ¡nadie está obligado a amarte!, ¡ni siquiera tus padres!, naciste y eso es lo que cuenta. Pensamos que debemos estar atados a personas que nos han dado amor en algún momento, pero realmente no es así, ellos tienen derecho a dejar de amarte al igual que tú. En el amor no necesitas migajas, quien te ame lo hará a manos llenas, inclusive si tú no le correspondes, porque el amor es infinito como el universo mismo y no impone condiciones, quien las ponga por igual no te ama. El amor no se ruega ni se exige. Hay que saber perder. Si ya no te quieren, empaca y vete. Llévate el dolor a otra parte y procésalo. Irse es un acto de soberanía; no lo olvides.
Muchas veces vivimos compadeciendo a los hombres y siguiéndoles su jueguito de confusión y víctima porque “pobrecito, el me ama pero… yo entiendo por lo que está pasando”. No creas los cuentos de una infancia difícil ni nada por el estilo. Por favor, no quieras intranquilidad, dudas y desprecio envuelto en explicaciones sin sentido. Mereces un hombre que sepa qué tiene al frente, que te valore y se esfuerce cada día por ti. Deja ya de romperte las uñas por algo que probablemente no va a ser tan bueno como tú piensas y date la oportunidad de recibir todo lo que mereces con un hombre que si te quiera.
Hay personas que no han recibido amor ni siquiera de sus padres y saben amar. Hay otras tantas que buscan el amor y no se dan cuenta que ya existe quien las aman desinteresadamente; el amor no tiene la coerción ni siquiera de obligar a que sea correspondido. Todos, en algún momento de la vida, vivimos un amor no correspondido y qué se le va a hacer. Nada, seguir adelante. A veces encontramos personas que nos aman sin ni siquiera pedírselo, son personas amorosas sin poner condición alguna y nos aman a manos llenas, ¡eso es amor! El que nace y perdura sin esperar nada, sin pretender, sin exigir, sin demandar...
Cuando el amor se convierte en una prisión o se opone a los propios valores o derechos; es hora de replantearse la relación, porque puede convertirse en un vínculo enfermo. No existe hombre perpetuamente asustado o confuso. Tampoco existe hombre trágicamente afectado por el pasado, ni hombre necesitado de ayuda para decidirse. En cuestiones de amor los hombres se dividen solamente en dos categorías: los que te quieren y los que no. ¡El resto es una excusa!
Y creer que porque alguien ya no te ama el mundo se termina o nadie más te amará o no podras vivir sin él, son engaños de tu mente. Claro que podrás seguir adelante, al principio tal vez cojeando pero luego caminando con normalidad. Cuando se está desolado tras la ruptura de una relación amorosa, resulta difícil creer que algún día uno pueda llegar a encontrase mejor. Pero esos sentimientos van perdiendo intensidad gradualmente. A la larga, uno se recupera y sigue adelante, iniciando nuevas relaciones y teniendo nuevas experiencias. En ocasiones infinitamente mejores.
Hay una frase de la joven escritora mexicana Estefanía Mitre que me gusta mucho y dice: "Mírate caminar, mujer, estás para que te amen. Que se rompan las ventanas cada vez que pasas cerca y se hagan grietas en el piso con los zapatos que tocas, para que piensen en ti cuando se apagan las luces y seas el primer deseo que alguien pida al despertar. Mírate bien, mujer, no estás para que te engañen, ni que te quieran a medias. No estás para ser segunda opción".

lunes, 5 de junio de 2017

La cartera, objeto femenino por excelencia

Según la RAE un bolso es "una bolsa de mano generalmente pequeña, de cuero, tela u otras materias, provista de cierre y frecuentemente de asa, usada especialmente por las mujeres para llevar dinero, documentos, objetos de uso personal, etc". Amigos, les aseguro que en el etc. está la clave. Es bien sabido que todo bolso o cartera de mujer es una caja de Pandora mágica de donde sale hasta lo inimaginable. Por eso creo que la Academia es un poco inexacta en cuanto al tamaño y el uso.
Sin duda alguna los bolsos son extensiones de nosotras mismas, por eso nadie abre uno ajeno, hacerlo sería como levantarle la falda a una mujer o darle por la cara a un hombre, simplemente eso no se hace porque viola un espacio privado, una zona de intimidad. Hay una frontera tácita entre nosotras y el bolso de una compañera. La cartera es parte de nuestro universo, aunque la llenemos de cosas cotidianas y de forma rutinaria, allí dentro, vamos nosotras.
Las mujeres y las carteras, todo empieza desde el primer encuentro, ahí se establece un vínculo indisoluble. La vemos en una vidriera, la analizamos, nos sentimos atraída por la vista, nos acercamos y cruzamos el umbral de la tienda. Si vamos solas perfecto. Si estamos acompañadas de una amiga la complicidad será total pero si vamos con un hombre este acto va seguido de la mirada en blanco del sujeto como claro signo de incomprensión y aceptación forzosa de que esa promesa de ‘solo voy a ver’ tiene muy pocas posibilidades de cumplirse, sobre todo si llevamos dinero para gastar.
Ya dentro de la tienda tocamos el bolso, nos lo colgamos, lo miramos de nuevo, lo abrimos, lo cerramos y casi siempre pensamos en voz alta “¿me cabrá todo aquí?”. La amiga de manera muy entusiasta dirá: “claro que sí, está precioso y es muy funcional”. El acompañante masculino simplemente se limitará a sonreír, mientras mentalmente se responde: “con la cantidad de porquerías que guardas, que muchas veces ni usas pero que llevas por si hace falta, lo dudo”. Los hombres nunca entenderán, pero ¿cuántos de ellos y cuántas veces se han beneficiado o salido de apuros gracias a la cartera de una mujer? No es menos cierto que siempre llevamos muchas cosas.
En el transcurso de su vida a cualquier hombre, en un momento determinado, le ha ocurrido que una mujer le pide que le sujete su bolso un instante y en ese momento crucial al sentir que su espalda se arquea y notar una luxación de hombro y una distorsión de sus articulaciones se hacen la pregunta del millón: ¿Qué carajos lleva en el bolso para que pese tanto? Semejante incógnita es uno de los misterios en la vida con respecto a las mujeres que nadie hasta la fecha ha podida descifrar con exactitud.
Para los hombres las carteras de las mujeres son cuevas de gran interés, imaginan lo que llevamos pero seguro no aciertan ni en centímetros a la realidad. El bolso de una mujer es, por su capacidad casi infinita, imperecedero enigma y conjetura universal solo semejante a preguntas cómo: ¿Existe la vida más allá de la muerte?
Ayyy… sin duda alguna ¿qué lleva una mujer en su cartera? Es uno de los grandes misterios de la humanidad. Y si lo pensamos bien la respuesta correcta sería depende del tipo de mujer. Digo esto porque, aunque todas coincidimos más o menos en una serie de cosas, dependerá de la personalidad de cada una y sobre todo de sus circunstancias. La diferencia radica en si es una mujer más o menos práctica y previsora, organizada o caótica, trabajadora (y dependerá de la profesión), ama de casa (a las que incluyo entre las trabajadoras, por supuesto), amante de las compras, con pareja, con hijos o sin hijos… (¡factor éste muy importante!).
Lo cierto es que todas llevamos infinidad de cosas. A veces los bolsos son tan grandes que podemos meternos dentro en un momento de necesidad, pueden ser un escudo, también caben nuestros pensamientos más feroces, ideas íntimas en forma de notas, secretos en forma de facturas o resultados de laboratorio, necesidades básicas en forma de alimento, en fin la lista sería interminable.
Los hombres no entienden porque ellos siempre andan muy cómodamente. Cuando se disponen a salir de casa no se preocupan más que por meterse rápidamente dentro de sus pantalones, se abotonan a mil por hora la camisa o se ponen un pulóver, se amarran los cordones de los zapatos en un santiamén y toman ciertas cosas que necesitan: sus billeteras en el bolsillo trasero, sus celulares en otros bolsillos o enganchados en el cinturón y sus llaves. Listos y salen. Y ahí van los señores tan salerosos rumbo a sus compromisos fuera de casa.
En cambio las mujeres, además del tiempo que nos toma arreglarnos le dedicamos un “tiempito” a nuestra cartera, sin la cual por supuesto, no podemos salir nunca a la calle. Nos cercioramos de lo que vamos a meter dentro. Obviamente necesitamos echar en ella esas cositas básicas que cogen los hombres al salir, pero también sumamos algunas otras. Y aunque el peso del bolso ya se sienta al levantarlo, todavía dudamos si debemos echarle algo más. Uf; cuántas cosas necesitamos las mujeres para salir a la calle y sentirnos seguras. Alguien dijo que hoy en día la cartera no es otra cosa que un kit de supervivencia: la mejor síntesis de todos los obstáculos con los que cree que podrá encontrarse cada mujer para llegar viva hasta el final del día. Y estoy de acuerdo en que así es.
A mediados del siglo XX, las carteras eran chicas. Respondían a la necesidad de una mujer que cumplía una función por vez. Si salía de paseo, un colorete y una polvera era todo lo que necesitaba. Ni dinero, ni llaves, ni otras cosas. En cambio, en el mundo actual la mujer sale temprano; va a trabajar; a llevar y en la tarde a buscar a los hijos; sale con amigos; va al teatro y tiene que salir preparada para dar en todos esos roles. Tiene días muy largos y la complejidad de su vida se ve reflejada en el contenido de su cartera. Cuantas más funciones cumpla, más variedad hallaremos. Yo conozco algunas que hasta destornilladores llevan. Sin duda el bolso de una mujer es una gran mezcla de muchas cosas. Nosotras podemos hacerle espacio a todo.
No sin razón, muchos hombres creen que más que un simple accesorio, el bolso de una mujer es la puerta de entrada a la dimensión desconocida; un hueco sin fondo con mayor capacidad que la galera de un mago; una boca de la que pueden emerger desde una aspirina, un sobrecito de edulcorante, una computadora de bolsillo (con teclado y todo), un par de sandalias o chancletas, un ejército de golosinas, una botella o una plancha, entre otras muchas cosas. Este misterioso complemento, que a veces puede adquirir dimensiones XL, es uno de los que más atrae la atención de los hombres, especialmente en cuanto a su contenido se refiere.
¡Echamos tantas cosas! Es increíble, lo que cargamos. Llevamos el celular con su cargador, por si las moscas; la agenda, pañuelos desechables, toallitas húmedas, una pintura de uñas, espejo de mano, protector solar, base, crema para manos, corrector de ojeras, gafas de sol y anteojos ópticos, fotografías, jabas para las compras, monedero, un pequeño estuchito de manicure y de maquillaje que no puede faltar, felpas para el cabello… amén de papeles acumulados, no sabemos cómo pero siempre encontramos papeles: recibos de pagos, un bloc notas, un lapicero, una libretica de teléfonos, recetas médicas (en ocasiones ya vencidas), direcciones de determinados lugares como por ejemplo un taller de algo, alguna receta de cocina… y muchos más papeles y lo peor es que ¡no los botamos! ¡Si están ahí es por algo!
¡¡¡Ah!!! Y no pueden faltar las pastillas y en ocasiones casi un botiquín por lo que pudiera suceder: curitas, un desinfectante, etc. Y aún buscamos un lugarcito para el paraguas por si llueve, la correspondencia para revisar en el camino, un libro y hasta algún trabajo de acuerdo a la profesión, en mi caso casi siempre ando con papeles en blanco donde escribo lo que se me ocurra en cualquier lugar, siempre que exista algo que me inspire, o simplemente si estoy en un sitio donde la espera es larga puedo hasta ponerme a confeccionar un crucigrama. Caray; sólo nos falta meter al perro dentro de la cartera.
¡Cuántas cosas necesitamos las mujeres para salir a la calle y sentirnos seguras! Pero ay, mi Dios… muchas veces tenemos otro problemita y es que cuando buscamos algo no lo encontramos y a veces tenemos que vaciar el bolso completo para encontrarlo rápido, ¿les ha pasado? A mí si y varias veces. Aunque no siempre es así.
Los hombres que no han cargado aunque sea un instante la cartera de una mujer no tienen idea de su peso. ¿Saben cuánto pesa cualquiera de nuestros bolsos? Al menos entre cuatro o seis libras, y en ocasiones más. Con ese peso la espalda y los hombros sufren mucho, quizá exagero pero estamos hablando de un ¡problema de salud pública! No es fácil con ese peso en el hombro hacer una cola en una tienda, en un banco, hacer compras en el mercado, coger una guagua, ir al cine donde a veces amerita una silla para el bolso. Y encima hay que andar cuidándolo para que no se lo roben, es como andar a cargo de una penitencia. Pero qué le vamos a hacer, no podemos andar sin ellos.
¡Hombres! Entiendan que para nosotras la cartera es como un cuarto privado, portamos las cosas que creemos vamos a necesitar. Disculpen, dije “¿creemos?”, si realmente analizamos el uso vemos que la mayoría no las usamos pero nos dan sensación de seguridad. El bolso de una mujer es algo así como una caja del tesoro, una caja de Pandora, con artículos inimaginables. Es un mundo impenetrable que esconde cientos de cosas que representan su mundo. Ese es el secreto de ese agujero negro llamado cartera de mujer. No importa el tamaño siempre encontrarás lo esencial y lo que no es tan importante.
En fin, ¿será que somos Damas muy precavidas? ¿O sólo se trata de un hábito muy femenino que no cambiaríamos por nada del mundo porque somos mujeres previsoras, valiosas y por supuesto bellas? ¿Ustedes qué opinan?

lunes, 30 de enero de 2017

Tú, la mejor de mis historias

Escribiré esta noche mis letras llenas de ti, llenas de mí, entonces valdrá el desvelo.
Un día llegaste a mi vida y pude comprender la hermosura del cielo en la sinceridad de tu mirada, comprendí que sobran las palabras cuando se trata de expresar los sentimientos que se aguardan en el corazón. Somos el complemento perfecto, como el sol al amanecer y las estrellas en la noche, como los días y noches, amaneceres y atardeceres, uno existe porque está el otro, si uno no está, no existiría el otro, no tendría razón de ser.
Me encantas de pies a cabeza, me encanta tu ser tan seductor, amo los momentos a tu lado... amo tu ser buscando mi calor, tu susurro en mi oído... y la mirada tierna cuando me besas... amo el hombre que me entregas, amo al niño que hay en ti...
Muchas veces pienso cómo fue que me enamoré de ti de esta manera tan misteriosa. Quizás es que contigo entendí que no se trata de quién te baja el cielo, sino quien sube el infierno para que tus demonios sean libres.
En tu vida y mi vida todo transcurre tan rápido y tan despacio, tan solo tu presencia cambió toda mi manera de pensar y no digamos de actuar. Si con palabras pudiera explicar lo que tú eres. Ellas serían claras, suaves y transparentes, serían como el arrullo gentil del río o el canto erótico del quetzal en el ocaso. Entre tus brazos, cualquier pena que exista en mi alma desaparece. Cuando estoy entre tus brazos no hay dolor, me siento segura, feliz y llena de amor.
Además de todo eso, tu poder radica en que desees tanto o más que yo pasear tus labios por mi cuerpo, sin esperar que yo te corresponda con promesas de telenovela. Sabes que la pasión me envuelve, que mi interior se agita por tu aroma. Y ahí, entre las sábanas, se acaban los títulos, los salarios y las palabras rebuscadas que sólo sirven para ganar en el scrabble.
Ahí, somos dos cuerpos, un calor, una pasión, entre besos, caricias, y gemidos de dos corazones calcinados entre juegos de adultos dados al placer. Con besos profundos, intensos, buscamos saciarnos yo bebo de ti y tú de mí, aprovechas para quitarme la ropa mientras tus manos acarician mi cuerpo, yo hago lo mismo contigo, siempre los dos tenemos prisa en saborearnos, en disfrutarnos. Y cuando fundidos en un abrazo entras en mí ardiendo de pasión, yo, amor, me convierto en tu cautiva, con lo que ahí, mantienes tu poder.
El nuestro es un amor con entrega y vocación, es abundante en sinceridad y se desborda el sentimiento cuando nos vemos, nos embriagamos de deseos y con la ilusión siempre de compartirlo todo, siempre uniendo nuestros corazones y convirtiéndolos en uno solo. Nuestro amor es auténtico, real, verdadero porque nace de la comprensión y el apoyo, de la entrega y la devoción, de experiencias y momentos especiales como los que tú y yo compartimos siempre.
Eres el cielo donde sobreviven mis estrellas, eres la luna de mi eclipse, el sol que calienta mis madrugadas, el calor que mis deseos aviva, la obsesión de mis pasiones, mis atardeceres de octubre, mis fríos de enero, mis calores de agosto, eres los 365 días alocados de mi vida. Estas en mis venas, en mi sangre, en mis sueños, en mi corazón.
Bloqueas mis sentidos, desorbitas mis ansias, todo mi ser tiembla ante tu presencia, con solo oírte el corazón se disloca, pasa de un ritmo a otro de manera increíble. Eres ese ser capaz de armarme un torbellino de pasión en mi interior. Te siento a mi lado y mi piel se enciende… nos sabemos llevar a los cielos infinitos del placer con sólo recorrernos, con la simpleza de tu modo de hacerlo... con mi entrega... con la infinita devoción que tengo por lo que me provocas.
Me pierdo en tu amor, en la paz de tu deseo. Eres un vicio que me consume lentamente desde adentro como una flama de fuego que no quema pero deja huella por donde pasa, tu amor me consume lento pero seguro.
A veces me sonrío pensando en el día que te conocí. Quién me iba a decir que todo sucedería de esta manera. Penetraste en mí y todo se detuvo aquel día cuando me sedujiste para siempre, al tocarme… sentí que el mundo se borraba al contacto de tu piel… ¡Se me fue la vida!
Y desde entonces te he amado en el viento, en la lluvia, en la mar, en las brumas, en las tempestades… muchas veces en inauditos lugares... Si nos encontramos en la alborada o nos cubre el atardecer, si es de día o de noche, con lluvia o con sol, si hay frío o calor… no nos importa, solo unir nuestros cuerpos y convertirlo en uno solo, transformando el instante en una vibración que el entorno transforma en paraíso.
Y cuando te vas… siempre dejas sobre la almohada un recuerdo tuyo y en la taza de café, un beso; y tras el beso, un suspiro que me alcanza hasta que regresas.
Estoy enamorada de ti, sí, tú el que llegó en el momento que menos lo buscaba, el que tiene poco tiempo pero que me dedica todos sus segundos libres, el que ama su trabajo, pero me ama un poco más a mí, el que me seduce con su mirada, que me roba los suspiros con su sonrisa tentadora, yo por ti soy capaz de poner el alma, el corazón, la vida, para siempre, entre tus manos.
El tiempo pasa lento pero con pasos pesados y firmes, como un gigante que siempre tiene que caminar y nunca se detendrá. Pero yo sigo viendo en tus ojos el reflejo de tu alma y lo maravilloso que es mi vida contigo. Por eso es que no importa el frío si tú me besas, no importa el viento, no importa el clima… porque la magia tiene sentido en ti, el calor en tu presencia es único, el frío contigo es estupendo, no hay nada en el mundo que se parezca al gusto de tenerte en mi vida. ¡Que se descongelen los glaciales cuando nos besamos! En nuestra dimensión lo demás está de sobra.

Te amo... así como el alba ama la luz del sol naciente dejándose envolver con su tibieza. Cuando estoy a tu lado me siento Dios, lejos de ti un demonio y en el fondo, tan sólo un ser humano que cuando no estás te extraña a rabiar. Tú eres la mejor de mis historias.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Hijo, el único ser que se ama más que a uno mismo

Desde el momento de la concepción de un hijo llegan las preocupaciones. Con el paso del tiempo, éstas se transforman, ajustándose a cada etapa de sus vidas. Una vez leí la frase: “uno no sabe qué es el miedo hasta que tiene un hijo”. ¡Y qué verdad más grande! Es un miedo que se te mete en el cuerpo, que casi te paraliza la respiración sólo de imaginar tantas cosas. Pero también es verdad que cuando nace un hijo es que conocemos la satisfacción plena, el orgullo, la ternura, el amor sin límites… Supongo que por eso muchas repetimos, ¿no?
Todos los momentos de la vida de nuestros hijos son de invaluable importancia. Por eso, es necesario crecer con ellos, porque a ser padre nadie aprende antes de serlo. No hay cartilla, ni manual que te iluminen al respecto; tan solo las experiencias de otros, los valores heredados de nuestros padres y el incalculable amor que despierta en nuestro ser ese hijo.
Sin embargo, por muy juntos que estemos ellos crecen independientes de nosotros, como árboles murmurantes y pájaros imprudentes. Crecen sin pedir permiso a la vida, con una estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia. Pero no crecen todos los días, de igual manera, crecen de repente. Un día se sientan cerca de ti en la terraza y te dicen una frase con tal naturalidad que sientes que no puedes ponerle más pañales. Crecen en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil.
Yo he criado a mis dos hijos, por eso sé muy bien lo difícil que es criar niños pequeños. Y como lo sé, les digo que a veces está bien llorar, gritar de desesperación, desmoronarse a las 5 de la tarde cuando tus hijos te están empujando a todos tus límites. Y entonces, hay que respirar, esconderse en el baño unos instantes si es necesario y reírse de la locura que es nuestra vida. Y después acariciarlo, besarlo… porque eso nos dará momentos de felicidad en ese día, que de otra forma solo sería loco y caótico.
Quisiera que todos los padres de familia entendieran que la infancia de nuestros hijos es muy corta y valiosa. El tiempo que puedan pasar con ellos, cuidarlos, alegrarse, abrazarse, escuchar y ser sus protectores es corto. Ser madre puede llegar a ser un dolor de cabeza, pero un dolor que vale la pena, cuando ves la recompensa. Lo sé por experiencia propia, porque vivo orgullosa de mis hijos y no me importa todo lo que he luchado para llegar hasta aquí, ni me importan los inconvenientes ni obstáculos que he tenido que pasar.
Lo más difícil y doloroso no es el parto como muchos piensan. Ese simplemente es el comienzo de nuestra vulnerabilidad porque el dolor y el miedo nos traspasan cada vez que se enferman y los vemos indefensos, en peligro… rogamos y esperamos con desesperación que las medicinas hagan efecto lo antes posible… Y ni qué decir cuando estamos lejos de ellos, si estamos fuera de casa, en el trabajo, en una reunión o en una fiesta, a cada instante nos vienen a la mente y pensamos “qué estarán haciendo”, “estarán bien”, “diablos, estoy loca por irme a casa”… y ahí es donde tenemos que endurecer el corazón para no abandonarlo todo y salir corriendo junto a nuestros críos para asegurarnos que no corren ningún peligro… porque si no lo hacemos nos sería imposible trabajar, estudiar, divertirnos, en fin, vivir.
Y cuando crecen… no dejamos de preocuparnos, todo lo contrario las preocupaciones son mayores porque ya están fuera de nuestro círculo protector y entonces suplicamos a Dios todos los días que no les pase nada malo, que sepan tomar las decisiones correctas, que en sus estudios o trabajos salgan adelante y puedan labrarse un futuro merecedor de personas honestas y dignas, que encuentren un amor sincero que los llene de felicidad… Y si escuchas que algo malo pasó, un accidente o cualquier tipo de tragedia, entras en pánico pensando si por casualidad estaban allí. En fin, todos esos miedos superan a cualquier otro. Tener hijos nos cambia la vida totalmente, las heridas del parto sanan pero convertirnos en madre nos abre una herida sentimental tan grande que nos convierte en seres vulnerables para siempre.
Los hijos crecen. ¡Y crecen rápido! Van y vienen; cambian de amigos, de novios, de gustos e intereses. Usan el cabello largo, corto, rubio, negro; ropa formal, informal, grande, más estrecha; accesorios, perfumes; prueban dietas, cosméticos; trabajos, estudios. Siempre se están moviendo. Y tú eres la que los mira mientras ellos despliegan sus alas. Agazapada, en una esquina de la casa, ves como la vida los saca puertas hacia fuera.
Maldita sea, el tiempo pasa muy rápido. La infancia de mis hijos yo la disfruté con ellos a pesar de los trabajos y problemas que siempre lleva esa etapa consigo. Pero añoro esos tiempos. Sus días de infancia se han escapado de mis manos demasiado rápido y en muchas ocasiones, me sorprendo extrañando sus juegos, sus risas, sus pataletas, los juguetes regados y la falta de sueño, y esto hace que entre en pánico.
¿En qué momento pasó tanto tiempo? Parece que fue ayer cuando jugaba con ellos en el piso, los ayudaba con sus tareas mientras cocinaba, colgaba sus ropas, recogía sus cuartos llenos de juguetes por doquier… un parpadeo y ahora son ellos quienes recogen sus cuartos, hacen sus tareas sin pedir ayuda, cocinan y hasta se lavan sus ropas, y en ocasiones las mías. Parece como una película que he visto muy deprisa.
Crecen tan rápido que sin darte cuenta de repente estás allí, en la puerta de la discoteca, esperando que él o ella no sólo crezca, sino aparezca. Pasó el tiempo del piano, el baile, el inglés, la natación y el karate. Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas. Se van a vivir con sus parejas o fuera del país. Buscan mejores horizontes en dónde extender sus alas, alcanzar sus sueños, proyectarse, construir sus propias familias, desarrollarse profesionalmente. Llega el momento en que sólo nos resta quedar mirando desde lejos y rezando mucho (si habíamos olvidado cómo hacerlo lo recordamos y si no sabíamos del tiro aprendemos) para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad, y que la conquisten del modo más completo posible.
Cada mañana mientras me baño acaricio la cicatriz que me dejaron las cesáreas y sonrío de satisfacción, comprendo que a partir de ese instante ¡sí! estoy completa. Mi cuerpo pasó de ser un modelo de lujo a una maquinaria perfecta creadora de vida. Aprendí a quererme a otro nivel. Reconozco que ser madre no es nada fácil pero decididamente es maravilloso.
Mis “bebés” han crecido demasiado rápido, mi hijo mayor ya terminó la universidad y trabaja; mi hija esta en cuarto año de su carrera, con un parpadeo ya será otra profesional. Hoy sé que he realizado una buena labor como madre, aunque he tenido aciertos y desaciertos como le ocurre a todas, pero el resultado me dice que lo he hecho bien.
Por un hijo se ríe y se llora, se ama y se odia, se mueve el mundo e incluso se mata… porque un hijo es el único ser que se ama más que a uno mismo. Es increíble, como los hijos son nuestra mayor fortaleza y al mismo tiempo nuestra mayor debilidad. Por ellos enfrentamos al mundo y sin ellos el mundo no existe.
Mis hijos son mi vida, mi orgullo, mi sol, mi risa, mis ganas de despertar cada día… a pesar de los miedos que sufro por ellos.